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Quiénes somos: José Antonio Narváez Bermejo

José Antonio Narváez Bermejo

Soy padre de Álvaro Narváez Guerrero, fallecido a los 19 meses de edad sospechosamente a consecuencia de unas vacunas.

Todos los días vuelvo a los recuerdos de nuestro hijo Álvaro, son muy vivos, es una parte importantísima de nuestras vidas. Nuestro pequeño era un niño alegre, feliz, que compartió con su familia todo lo que se puede esperar de un ser tan querido. Nos hizo muy felices.

Somos padres que desde hace más de ocho meses seguimos sin recibir respuesta de las instituciones sanitarias sobre el origen de la trágica pérdida de nuestro hijo, cuando sólo tenía 19 meses de vida. Desgraciadamente, nos abandonó para siempre el pasado 27 de junio de 2013, después de darnos todo el amor del mundo.

¿Qué pudo provocar la encefalitis de Álvaro?

Según los informes facultativos, Álvaro era un niño totalmente sano, no conoció la enfermedad ni complicación alguna; nunca precisó asistencia médica por urgencia o similar en centro sanitario. Los informes forenses de nuestro pequeño ponen de manifiesto que era totalmente sano, falleció súbitamente a consecuencia de una encefalitis aguda, brusca y mortal, sin que en estos informes se abordase el estudio microbiológico.

Nuestra sospecha principal recae sobre una vacuna combinada DTPa +Hib (de cinco efectos) recomendada por el calendario oficial de vacunas del Servicio Extremeño de Salud de Extremadura, administrada junto a otra voluntaria aconsejada por los profesionales de la salud, treinta días antes de su fallecimiento. Esta sospecha, que la Administración se niega a despejar, está avalada por numerosas consultas e informes de profesionales de la salud, algunos con más de 25 años de ejercicio profesional, que imputan directamente como sospechosas a esas vacunas.

Nunca estuvimos en contra de las vacunas, fuimos padres responsables como exigía la Institución sanitaria y pusimos a nuestro hijo todas las que desde ella se nos recomendaron, incluso las voluntarias aconsejadas por los mismos profesionales de los que era paciente nuestro pequeño. Siempre actuamos buscando lo que creíamos mejor para la salud de nuestro pequeño. Tras sufrir esta desgracia, y contrastar abundantísima información, creemos sinceramente que deben mejorarse muchos aspectos sobre sobre las vacunas. Hay cuestiones que deben revisarse.

La sospecha causal de las vacunas clínicamente muy probable, toma mayor fuerza conforme a lo largo de estos 8 meses se evidencia UNA TOTAL Y ABSOLUTA OPOSICIÓN A INVESTIGAR por parte de las Instituciones Sanitarias a las que en algún caso nos hemos dirigido incluso judicialmente. Nos referimos a:

  • El Instituto de la Salud Carlos III (Centro de Referencia nacional e internacional para la investigación biomédica), cuyo Jefe de Área de Virología del Centro Nacional de Microbiología del Instituto Carlos III, se negó expresamente a investigar la relación causal de la encefalitis con los componentes de la vacuna. Aun disponiendo judicialmente de las muestras biológicas remitidas, por considerar que no tenía competencia para ello y con argumentaciones peregrinas, tras haber negativizado en un anterior informe todos y cada uno de los agentes externos que pueden provocar una encefalitis. Esta negativa a investigar no parece propia de un científico al servicio de la salud pública. Sobran palabras si constatamos que el coste del estudio (las pruebas) de los agentes de la vacuna, según los precios públicos publicados en BOE por el Instituto Carlos III, no llega a los 300 euros. Este Organismo tiene la tecnología más puntera del país para estos estudios, todos conocimientos, su misión y visión es la investigación para la mejora de la salud pública. ¿Por qué no quiere investigar?
  • La Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios, del Ministerio de Sanidad, que a través de uno de sus Departamentos se ha negado expresamente a aportar las muestras de la vacuna sospechosa, favorecida porque el Instituto Carlos III de antemano no quería investigar la causalidad de los agentes de la vacuna. ¿Por qué no quiere investigar?
  • Los profesionales de la salud pública de los que era paciente mi hijo no realizaron la notificación de la sospecha de reacción adversa a las vacunas, aun cuando están legalmente obligados a ello. Nosotros cumpliendo con la obligación ciudadana sí lo hicimos ¿Por qué no han querido hacerlo?
  • Nos hemos dirigido en cuatro ocasiones a la Dirección General de Salud Pública del Servicio Extremeño de Salud para que inste la investigación clínica de nuestro hijo, poniendo a su disposición todas las autorizaciones y muestras biológicas custodiadas judicialmente. Aunque su nueva titular ha mostrado una buena predisposición, la respuesta dada hasta la fecha ha sido un informe de causalidad, sin abordar la investigación de laboratorio clínico solicitada, donde se han evidenciado numerosos errores. ¿Por qué no quiere investigar?

¿Por qué se nos maltrata? Somos víctimas, no delincuentes. Somos buenos ciudadanos, siempre hemos contribuido al bien del país. En estos ocho meses no hemos hallado humanidad ni rigor profesional en las respuestas institucionales, a pesar de numerosos escritos pidiendo ayuda invocando una y otra vez que esta investigación puede contribuir a la mejora de la salud pública infantil y sus conclusiones podrían evitar el sufrimiento a otras familias.

¿Por qué se nos niega el derecho a conocer qué provocó la muerte de nuestro hijo?